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Model 3 / Re: Duracion de bateria cuidandola
« en: 24 de Julio de 2026, 02:30:38 pm »
Yo creo que en este debate falta introducir una variable fundamental: la pérdida de valor del dinero.
Durante años hemos sufrido una inflación que no siempre se percibe con claridad. Seguimos comparando precios en euros como si un euro de hoy comprara lo mismo que uno de hace quince años, cuando nuestro poder adquisitivo se ha reducido considerablemente. Si los salarios no crecen al mismo ritmo que los precios —y para hacerlo de forma sostenible tendría que aumentar la productividad—, cada vez podemos comprar menos con nuestra renta disponible.
Los fabricantes se encuentran entonces con una ecuación complicada: deben ofrecer productos que el mercado todavía pueda pagar y, al mismo tiempo, conservar sus márgenes. ¿Cómo lo consiguen? Reduciendo costes donde el cliente los tolera mejor: más plásticos, piezas menos robustas, acabados simplificados, componentes compartidos, menor reparabilidad o detalles de calidad que antes se daban por supuestos.
Además, una parte creciente del coste se destina ahora a elementos que apenas vemos: seguridad, sistemas anticontaminación, baterías, sensores, cámaras, software y cumplimiento normativo. Por eso un coche actual puede ser objetivamente más seguro, eficiente y tecnológico y, a la vez, transmitir una menor sensación de calidad material.
El verdadero “engaño” es pensar que seguimos pagando lo mismo y recibiendo más. En términos reales, nuestro dinero vale menos. Los fabricantes podrían mantener o superar ampliamente la calidad de hace quince años, pero probablemente la mayoría ya no podríamos pagar esos coches. No es que hayamos olvidado cómo fabricar productos duraderos; es que cada vez somos más pobres en términos de poder adquisitivo y el producto se adapta a esa realidad.
Durante años hemos sufrido una inflación que no siempre se percibe con claridad. Seguimos comparando precios en euros como si un euro de hoy comprara lo mismo que uno de hace quince años, cuando nuestro poder adquisitivo se ha reducido considerablemente. Si los salarios no crecen al mismo ritmo que los precios —y para hacerlo de forma sostenible tendría que aumentar la productividad—, cada vez podemos comprar menos con nuestra renta disponible.
Los fabricantes se encuentran entonces con una ecuación complicada: deben ofrecer productos que el mercado todavía pueda pagar y, al mismo tiempo, conservar sus márgenes. ¿Cómo lo consiguen? Reduciendo costes donde el cliente los tolera mejor: más plásticos, piezas menos robustas, acabados simplificados, componentes compartidos, menor reparabilidad o detalles de calidad que antes se daban por supuestos.
Además, una parte creciente del coste se destina ahora a elementos que apenas vemos: seguridad, sistemas anticontaminación, baterías, sensores, cámaras, software y cumplimiento normativo. Por eso un coche actual puede ser objetivamente más seguro, eficiente y tecnológico y, a la vez, transmitir una menor sensación de calidad material.
El verdadero “engaño” es pensar que seguimos pagando lo mismo y recibiendo más. En términos reales, nuestro dinero vale menos. Los fabricantes podrían mantener o superar ampliamente la calidad de hace quince años, pero probablemente la mayoría ya no podríamos pagar esos coches. No es que hayamos olvidado cómo fabricar productos duraderos; es que cada vez somos más pobres en términos de poder adquisitivo y el producto se adapta a esa realidad.