Os comparto mi experiencia de atención al cliente (o más bien, la carencia estructural de ella) tras llevar mi coche a este taller. Ya sabemos que estamos vendidos y que hay pocas opciones “oficiales” para chapa y pintura… pero, aun así, esto supera cualquier expectativa.
Llevo el coche por daños en la carrocería: un siniestro con un VTC (que sigue negando la mayor (gracias Centinela, por el vídeo del incidente) y otros misteriosos roces que, según mi mujer, “alguien seguro nos hizo aparcando”.
La recepción fue muy cordial, con frases de manual tipo “trato de caballero” y “máximo una semana o semana y media”. Y pensé: mira qué bien, esta vez hay esperanza.
Spoiler: no la había.
El vía crucis empieza cuando el recepcionista un señor con la empatía de un inspector de Hacienda y el mismo entusiasmo por ayudar me explica que hay que dar tantos partes como roces tiene el coche. Que como tengo todo riesgo con franquicia, pertenezco al grupo de los “clientes de segunda división”.
Llamadas diarias al seguro, idas y venidas: el seguro diciendo que no hace falta separar partes, que el perito decidirá cuántas franquicias se aplican… y el taller emperrado en que sí, sí hace falta. Mientras tanto, el coche ahí, más parado que un Tesla sin carga.
Una semana después pregunto si han empezado la reparación.
Respuesta: “Sí, sí, claro… somos conscientes, el seguro aprobará todo”.
A los dos días, plot twist: el coche sigue sin tocar. Y el mismo recepcionista, muy digno, me suelta que “puede que se colara, habla con muchos clientes cada día”.
A partir de ahí, todo por correo (por higiene mental). Cada mensaje es un déjà vu administrativo: respuestas vagas, promesas difusas y ese clásico “ya te llamaremos cuando esté listo”, que suena a cuando el río Manzanares sea navegable.
Dos semanas después: sigo sin coche, sin fecha y con la sensación de haberme apuntado sin saberlo a un curso de paciencia avanzada.
Moraleja: si apreciáis vuestro tiempo, vuestros coches y vuestra salud mental… rezad para que no os toque el inspector de autónomos del taller.
Ah, y llevad un cable de carga, porque igual os devuelven el coche sin batería para volver a casa.
Seguiré informando si algún día me llaman… o me llega un burofax para recoger el coche.