Es enternecedor leer a gente que, después de comprar el coche y comprobar que no tienen sensores y el Teslavision es una castaña, depositan sus esperanzas en una actualización que los que tenemos callo en Tesla sabemos que son más buenos deseos que otra cosa. Así ha pasado con la velocidad de carga de las baterías, los matriciales, el FSD y más.
Las actualizaciones también nos han quitado cosas.
Yo las veo como el caramelito con el que nos entretienen mientras lo realmente serio no acaban de dar con la tecla para solucionarlo.
Que un coche no actualice porque no lo necesite también es un plus: ya le funciona todo como debe.
Estoy de acuerdo.
Que las actualizaciones incluyan nuevas funcionalidades, como lo fue el Sentry en su día, es un gran punto a favor.
De eso hace ya bastantes años.
Pero que Tesla lance al mercado un producto inacabado, como puede ser el Teslavision, o los faros matriciales no activados, y que haya que confiar en que lo terminen de acabar vía actualizaciones es un punto en contra.
Deberían funcionar perfectamente desde el día cero.
Por otro lado, según mi experiencia tras decenas y decenas de actualizaciones es que lo mejor es no actualizar, o no actualizar hasta pasadas semanas desde el lanzamiento y leer mucho acerca de lo que de verdad llevan esas nuevas versiones dentro.
No son raras las actualizaciones que restan más que suman, o que introducen más bugs de los que eliminan.
Yo sigo el siguiente proceso con las actualizaciones:
Encuentro una versión con la que me encuentre cómodo, actualmente estoy en la v2023.32, y no actualizo si no veo un valor añadido claro para mí como cliente.
Es el análisis típico: si los beneficios no superan con creces los riesgos, no actualizo.
Y cuando los beneficios son próximos a cero, cómo está pasando últimamente, la decisión yo la tengo clara.
Y no pasa absolutamente nada por estar varias versiones por detrás.