Cuando el coche para, ya se quede despierto o dormido, la refrigeración se para aún muy por encima de los 35 grados.
Y es que sí, las baterías evacuan su calor a un líquido refrigerante que a su vez es movido hasta los radiadores del coche, donde ha de ser enfriado para volver al circuito.
Así que si no hay flujo de aire en los radiadores, el líquido no baja su temperatura, con lo que su poder de refrigerar desaparece.
Además, las bombas que lo transportarían de las calientes baterías a los más fríos radiadores también se detienen.
En ese caso, el sistema de refrigeración de un Leaf refrigerado por aíre y el de un Tesla refrigerado por líquido apenas difieren.