Es curioso que a la opinión de Saúl, que es un crack todo sea dicho de paso, se le dé tanto peso, cuando su vehículo Tesla de referencia es de 2014. Sí, obviamente ha probado muchos otros, pero su mente siempre compara con el vehículo que más conoce, que está desfasado. Y esto lo digo porque yo mismo sí puedo comprobar a diario la diferencia en las calidades y acabados entre mi S85 2014 anterior y mi S100D 2018 actual. Y hay un mundo. Es decir, invocar a Saúl no sirve en este caso. Lo que sirve es dar ejemplos concretos de esas supuestas mejores calidades. Y ojo que, insisto, no hablo de ajustes, porque esos además Tesla los acaba corrigiendo con un servicio de atención que ya les gustaría acercarse a él a muchas marcas premium (ejemplos: política de coches de sustitución, chequeos y correcciones en remoto, servicio de rangers).
Por otra parte, efectivamente, circuito y velocidades superiores a 250 km/h son muy rara avis pero acelerar con fuerza y agilidad extrema para, por ejemplo, adelantar con máxima seguridad o incorporarte sin molestar a nadie, son casi pan nuestro de cada día. Eso sin hablar de la comodidad de la frenada regenerativa. Y todo sin ruidos ni aspavientos mecánicos. No hay color.
Tesla aprende muy rápido. Eso es cierto. Especialmente comparado con el resto del sector (a excepción de los coreanos)