Parece mentira que todo esto esté pasando. Cuando en su día se le preguntaban a fabricantes alemanes de coches como Volkswagen, Audi, Mercedes, BMW o Porsche sobre el futuro de Tesla, éstos se echaban a reir y se mofaban diciendo que cómo puede alguien tan joven luchar contra empresas con más de 150 años de experiencia en el sector.
Sin ir más lejos, fue en Noviembre del año pasado cuando el ex-presidente de Daimler, Edzard Reuter, el que dijo sobre Tesla que:"Es una broma que no puede ser tenida en cuenta si la comparamos con las grandes empresas alemanas" e incluso tachaba a Elon Musk de impostor.
Ha sido con la presentación del Model 3 cuando estas risas se han apagado y se han convertido en preocupaciones sobre todo cuando casi 400.000 personas han pagado por la reserva de un coche que no empezará a fabricarse hasta dentro de mínimo un año.
Y esta preocupación tiene su propio fundamento: saben que ahora mismo están con un notable retraso para competir con un producto a la altura de lo que ofrece la empresa norteaméricana y aparte están en juego la nada despreciable cantidad de 700.000 puestos directos de trabajo (además de otros tantos indirectos).
Si bien es cierto que determinadas marcas tienen sus propios vehículos eléctricos (VW e-Golf, BWM i3...), ninguna podía dar una autonomía de más de 150 kms (y de ahí que se trabajase sobre la tecnología híbrida termico-eléctrica). Sin embargo, la alta aceptación en Europa del Model S y sus más de 350 kms de autonomía (gracias a su investigación y desarrollo de baterías de alta capacidad) ha demostrado todo lo contrario: los clientes se interesan por estos vehículos y, la tecnología termico-eléctrica, no está teniendo los resultados esperados.
Aún les queda la confianza de que, aunque nunca los alemanes han sido los primeros, siempre han sido los que han acabado adaptando una tecnólogía para hacerla mejor. Veremos si en esta ocasión no han llegado demasiado tarde.